Accesibilidad digital y discapacidad: estudio desde una perspectiva centrada en las personas

23/01/2023 9:36:32

Ref.: https://www.cedid.es/redis/index.php/redis/article/view/795/483
Resumen
El objeto de esta investigación es la obtención de datos que nos permitan conocer la brecha
digital a la que está expuesto el colectivo de personas con discapacidad. El presente estudio, que ha tenido como marco la Comunidad Valenciana, podría extenderse al resto de España. Para obtener los resultados que se presentan se ha realizado una medición cuantitativa sobre una población de 390 personas y un análisis cualitativo sobre 35 de ellas, con distintas discapacidades. El valor del estudio reside en sus antecedentes, en la medida que existen pocas referencias al respecto en informes generales sobre TIC en España y no se han identificado suficientes estudios sobre los indicadores necesarios para medir este tipo de situaciones.
El objetivo principal de este estudio es establecer una relación entre vida independiente, grado de exclusión y participación, y accesibilidad digital. De este modo se pretenden obtener referencias objetivas sobre posibles brechas tecnológicas a las que se enfrentan tanto estas personas como el movimiento asociativo y asistencial que les representa. Este estudio, desarrollado entre marzo y julio de 2021, ha contado con el apoyo económico de la Dirección General de Lucha Contra la Brecha Digital de la Generalitat Valenciana.

Introducción
En un estudio reciente realizado a finales de 2020, donde se toma como referencia a profesionales del movimiento asociativo o asistencial vinculados con la discapacidad, se pudo apreciar que el término más apropia-do para definir las tecnologías digitales y la discapacidad eran las TIC adaptadas (Martínez y Esteve, 2021). Establecer desde el principio qué se entiende por accesibilidad o inclusividad digital pasa, según los expertos, por la denominación ‘Tecnologías de Información y Comunicación Adaptadas’, como el encuentro entre las TIC y las tecnologías adaptativas (por la traducción del Adaptative Technology), entendidas como aquellas que representan los “recursos para superar las barreras de acceso a las tecnologías digitales que producen un impacto positivo en la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad” (Zappalá et al., 2010). También alrededor de las tecnologías se encuentran, entre otros, los siguientes términos: ayudas técnicas, tecnologías asistivas o tecnologías de apoyo, que se utilizan para definir la tecnología en relación con las personas con discapacidad (Ceapat, 2019). Cook y Hussey (1995) definen a las tecnologías asistivas como: “el amplio número de aparatos, servicios, estrategias y prácticas que son concebidas y aplicadas para mejorar los problemas de adaptación al medio de los individuos que padecen discapacidades”. Si tomamos como referencia la norma UNE, los productos o tecnologías de apoyo, anteriormente conocidos como ayudas técnicas, son “cualquier producto (incluyendo dispositivos, equipos, instrumentos, tecnologías y software) fabricado especialmente o disponible en el mercado para prevenir, compensar, controlar, mitigar o neutralizar deficiencias, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación de las personas con discapacidad”1.

Conclusiones
Tras estos primeros resultados del estudio, que nos permiten reflexionar para el futuro, la discusión debe girar alrededor de mejorar y adaptar los cuestionarios para realizar futuras investigaciones. Los puntos más destacados sobre la mejora se relacionan con la distinción entre discapacidades, ya que es difícil generalizar y porque conviene profundizar en cada una de ellas. En este sentido, entendemos que hay que seguir en el futuro diseñando cuestionarios que tengan cada vez en cuenta estas peculiaridades. Respecto a la adaptación, creemos que se ha realizado un esfuerzo por parte de las propias asociaciones que agradecer, y consideran que no se había realizado hasta la fecha en nuestro contexto. Esto nos obliga en un futuro, a seguir preocupándonos de establecer recursos que faciliten estas muestras de estudio, sobre todo en lectura fácil y lengua de signos en cualquier cuestionario. El segundo punto será el de homogeneizar los indicadores de estudio respecto a la brecha digital y la discapacidad, o al menos su relación con la tecnología. La línea planteada por Ferreira et al. (2017) puede ser una de las más coherentes en este sentido. Nosotros hemos tratado de depurar en este último año cuáles son los indicadores más efectivos, pero conviene seguir desarrollando estas investigaciones, mejorando cuestionarios y contrastando resultados con los estudios que se logren a nivel nacional e internacional. Es obvio que cada tipo de discapacidad analizado (visual, auditiva, física, orgánica, salud mental e intelectual) tiene unas características propias. Sin embargo, a esto conviene añadir, para futuros estudios, el que:

  • Dentro de cada uno pueden encontrarse afecciones muy diferentes entre sí (por ejemplo, dentro del grupo de discapacidades orgánicas son poco comparables los casos de personas con hemofilia con los de epilepsia).
  • Dentro de las personas englobadas bajo la misma discapacidad, el grado en la que esta les afecta pue-de suponer problemas y soluciones tecnológicas completamente distintas (por ejemplo, una pantalla ampliada para personas con discapacidad visual con resto visual, o una línea braille para los que no lo tienen).

En este sentido, una futura línea de investigación clave será mejor el detalle de la información recogida en cada grupo de discapacidad, puesto que el ámbito estudiado es bastante amplio y las necesidades de accesibilidad varían también dentro de cada grupo especifico. También convendrá profundizar en la comparación y estudio de correlación entre las respuestas de accesibilidad digital y cada uno de los segmentos de población identificados. Como conclusiones de todo el estudio podríamos señalar los siguientes puntos:

1. Las personas con discapacidad consideran que las nuevas tecnologías les han aportado evidentes beneficios, que se relacionan sobre todo con la conexión y relación social. Las personas con discapacidad orgánica, física y auditiva han notado las ventajas de las tecnologías para hacer gestiones desde casa. En cambio, en las discapacidades intelectual, salud mental y orgánica, han advertido las mejoras en los ámbitos de la formación y el disfrute del ocio.
2. En general, las personas con discapacidad que tienen alguna relación con las tecnologías, aunque sea básica, se manejan bien con ellas, aunque un 5,3% mantiene problemas serios con su manejo. En la mayoría de los casos lo entienden pensando en el uso de aplicaciones de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes (WhatsApp fundamentalmente), o de las relaciones a través de redes sociales (Facebook, incluido Messenger, e Instagram).
3. Todavía un 4,3% de personas con discapacidad no disponen de acceso a Internet (en la Comunidad Valenciana, supone más de 12.000 personas), siendo las personas con problemas de salud mental las más desconectadas, y las personas con discapacidad física con menos brecha digital al respecto.
4. De las que tienen acceso, un 11,5% tiene siempre o muchas veces dificultades con Internet, siendo las personas con problemas de salud mental o discapacidad auditiva (14,6%), las que presentan una mayor brecha digital.
5. Sobre las dificultades de accesibilidad digital, un 62% considera que las tiene y hay un importante dato que es el de la necesidad de formación al respecto, sobre todo en personas con discapacidad visual, intelectual y orgánica. También se pueden incluir en este punto las dificultades de adaptaciones tecnológicas que hay para personas con discapacidades auditivas y las dificultades de uso en los casos de personas con problemas de salud mental, discapacidad intelectual y visual.
6. Aunque detectamos que se encuentran en su mayoría bien preparadas tecnológicamente, un 30,5% todavía no dispone de smartphone y un 64,9% tampoco de tablet.
7. Prima ya el uso de aplicaciones (53,1%) frente a depender directamente de páginas web. Destacan aplicaciones relacionadas con ocio y cultura, y las que permiten la comunicación entre las personas. También se utilizan bastante las aplicaciones de salud y educación y, en un segundo nivel, las relacionadas con el transporte, el turismo y las necesidades profesionales.
8. Un 19% no tiene cuenta de correo electrónico, un 69,7% no tiene firma digital y un 58,2% no dispone de cuenta bancaria digital propia. Hay un uso muy bajo de cuentas de compra online, aunque Amazon es la que mejor se sitúa.
9. Respecto a las redes sociales, Facebook sigue siendo la que tienen más perfiles (sobre todo en el caso de personas con discapacidad auditiva e intelectual), seguida de Instagram que se sitúa muy cerca (discapacidad auditiva y problemas de salud mental). Twitter se concentra sobre todo en personas con discapacidades sensoriales.
10. El mayor número de gestiones que se realizan son los trámites de Hacienda, seguido de aquellos que están relacionados con la oferta cultural y de ocio, y las que se necesitan para emitir algún tipo de certificado. Respecto a otros trámites, como los de atención sanitaria, destacan por encima de la media las personas con discapacidad orgánica y auditiva.
11. Las dos brechas que habría que incluir, junto a las propias de la discapacidad, son las de la edad (las personas mayores del colectivo tienen menor capacidad de acceso digital) y las que tienen menos formación y recursos.
12. Casi todas las personas con discapacidad esperan de las tecnologías tres cosas: (1) que les aporte un mayor nivel de autonomía, (2) que les facilite los pequeños detalles de la vida cotidiana y (3) que les permita una mayor conexión e interacción social.
13. Hay tres clases de barreras para superar la brecha digital: (1) de información, (2) económicas (el recurso existe, pero es muy costoso y no lo pueden adquirir) y (3) de uso.